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lunes, 16 de marzo de 2015

40 Días por la Vida - 17/3/2015


El Estado no tiene autoridad ninguna para decidir que sea permisible suprimir la vida de un ser humano inocente."

CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA

   
España_Margarita Fraga – asociacion.evangeliumvitae@gmail.com        


Lectura para meditar (tomado del Evangelium Vitae)
« Llamados... a reproducir la imagen de su Hijo » (Rm 8, 28-29): la gloria de Dios resplandece en el rostro del hombre
34. La vida es siempre un bien. Esta es una intuición o, más bien, un dato de experiencia, cuya razón profunda el hombre está llamado a comprender.
¿Por qué la vida es un bien? La pregunta recorre toda la Biblia, y ya desde sus primeras páginas encuentra una respuesta eficaz y admirable. La vida que Dios da al hombre es original y diversa de la de las demás criaturas vivientes, ya que el hombre, aunque proveniente del polvo de la tierra (cf. Gn 2, 7; 3, 19; Jb 34, 15; Sal 103 102, 14; 104 103, 29), es manifestación de Dios en el mundo, signo de su presencia, resplandor de su gloria (cf. Gn 1, 26-27; Sal 8, 6). Es lo que quiso acentuar también san Ireneo de Lyon con su célebre definición: « el hombre que vive es la gloria de Dios ».23 Al hombre se le ha dadouna altísima dignidad, que tiene sus raíces en el vínculo íntimo que lo une a su Creador: en el hombre se refleja la realidad misma de Dios.
Lo afirma el libro del Génesis en el primer relato de la creación, poniendo al hombre en el vértice de la actividad creadora de Dios, como su culmen, al término de un proceso que va desde el caos informe hasta la criatura más perfecta. Toda la creación está ordenada al hombre y todo se somete a él: « Henchid la tierra y sometedla; mandad... en todo animal que serpea sobre la tierra » (1, 28), ordena Dios al hombre y a la mujer. Un mensaje semejante aparece también en el otro relato de la creación: « Tomó, pues, el Señor Dios al hombre y le dejó en el jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase » (Gn 2, 15). Así se reafirma la primacía del hombre sobre las cosas, las cuales están destinadas a él y confiadas a su responsabilidad, mientras que por ningún motivo el hombre puede ser sometido a sus semejantes y reducido al rango de cosa.
En el relato bíblico, la distinción entre el hombre y las demás criaturas se  manifiesta sobre todo en el hecho de que sólo su creación se presenta como fruto de una especial decisión por parte de Dios, de una deliberación que establece un vínculo particular y específico con el Creador: « Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra » (Gn1, 26). La vida que Dios ofrece al hombre es un don con el que Dios comparte algo de sí mismo con la criatura.
Israel se peguntará durante mucho tiempo sobre el sentido de este vínculo particular y específico del hombre con Dios. También el libro del Eclesiástico reconoce que Dios al crear a los hombres « los revistió de una fuerza como la suya, y los hizo a su imagen » (17, 3). Con esto el autor sagrado manifiesta no sólo su dominio sobre el mundo, sino también las facultades espirituales más características del hombre, como la razón, el discernimiento del bien y del mal, la voluntad libre: « De saber e inteligencia los llenó, les enseñó el bien y el mal » (Si 17, 6). La capacidad de conocer la verdad y la libertad son prerrogativas del hombre en cuanto creado a imagen de su Creador, el Dios verdadero y justo (cf. Dt 32, 4). Sólo el hombre, entre todas las criaturas visibles, tiene « capacidad para conocer y amar a su Creador ».24 La vida que Dios da al hombre es mucho más que un existir en el tiempo. Es tensión hacia una plenitud de vida, es germen de un existencia que supera los mismos límites del tiempo: « Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza » (Sb 2, 23).

Intención/motivación del día

PRECES EXPIATORIAS POR LA VIDA Y LA FAMILIA Y LA PAZ

VALOR DE LA EXPIACION:

“Al que no había pecado, a Cristo inocente, Dios lo hizo expiación por nuestro pecado para que nosotros, unidos a Él, recibamos la justificación de Dios”
(2Co 5,21)

“La justificación es la obra más excelente del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús y concedido por el Espíritu Santo.

San Agustín afirma que “la justificación del impío (...) es una obra más grande que la creación del cielo y la tierra”, porque “el cielo y la tierra pasarán, mientras (...) la salvación y la justificación de los elegidos permanecerán” (Catecismo de la Iglesia Católica,  nº1994).

Unidos por la Comunión de los santos que “existe entre todos los fieles, tanto  entre  quienes son ya bienaventurados como los que expían en el purgatorio o los que peregrinan todavía en la tierra” (CIC, nº 1475) elevemos nuestra oración:

SEÑOR Jesús:
Tú compartiste nuestra vida humana, alegrías  y penas y sin acusarnos, por amor, cargaste con la responsabilidad de nuestras  culpas para redimirnos.
Ayúdanos a seguir tu ejemplo desde nuestra situación de pecadores redimidos.
Ante  Ti Señor, nos sentimos sinceramente responsables de un mundo al que pertenecemos, que estamos contribuyendo a  forjar y con el que estamos comprometidos especialmente por tu amor.

Avergonzados de nuestras obras, fruto del olvido o rechazo culpable de tus enseñanzas, te pedimos perdón y ayuda.

1. Por las propagandas de ateísmo, las blasfemias contra el nombre de Dios, el desprecio de sus obras:
-Perdón, Señor, perdón.

2. Por los ataques y persecuciones a la Iglesia y a sus miembros, por las críticas destructivas, intencionadas o inconscientes y superficiales:
-Perdón, Señor, perdón.

3. Por los pecados cometidos contra la vida, la familia y la paz:
-Perdón, Señor, perdón.

4. Por la pérdida del sentido sagrado que posee  todo hombre y mujer, hechos a imagen y semejanza de Dios, destinados a ser hijos en el Hijo y “partícipes de su naturaleza divina”(2 Pe 1,4)                                                                                    -Perdón , Señor, perdón.

5. Por la pérdida del sentido sagrado de los actos que conceden al ser humano la existencia, que son reflejo del amor trinitario de Dios:
- Perdón, Señor, perdón.

6. Por el desprecio al Sacramento del Matrimonio, que hace de los esposos, hombre y mujer, imagen viva y real de la unidad indisoluble de la Iglesia esposa fiel y cuerpo místico de Cristo:
- Perdón, Señor, perdón.

7. Por el número inmenso de niños a quienes se impide nacer:
 - Perdón, Señor, perdón.

8. Por nuestro egoísmo ante tantos pobres  a quienes se hace difícil vivir:
-Perdón, Señor, perdón.

9. Por la violencia inhumana  a la que están sometidos, como víctimas inocentes, tantos hombres, mujeres y niños:
-Perdón, Señor, perdón.

10. Por el abandono y la muerte de ancianos y enfermos a causa de la indiferencia o de una presunta piedad:
-Perdón, Señor, perdón.

11. Por todas las opresiones, injusticias, violencias que atentan contra la libertad y los derechos humanos en el plano político, social, laboral, familiar:
-Perdón, Señor, perdón.

12. Por todas las inmoralidades y corrupciones que condicionan y empujan al individuo a una degradación moral o física, disuelven los vínculos familiares y desenfocan los verdaderos valores de la vida:
-Perdón, Señor, perdón.

13. Por la pérdida del pudor, por todos los escándalos y por todos los respetos humanos:
-Perdón, Señor, perdón.

OREMOS: Señor, Dios nuestro, que concedes a los justos el premio de tus méritos y a los pecadores que hacen penitencia les perdonas sus pecados, ten piedad de nosotros y danos, por la humilde confesión de nuestras culpas, tu paz y tu perdón. Por Jesucristo nuestro Señor.
-Amén.

(Preces del MANUAL DE LA ADORACION NOCTURNA DE ESPAÑA  Barcelona 1986) y de la ORACION POR LA VIDA, del Papa San Juan Pablo II (Enc.Evangelium Vitae nº105, 1995)
Preces nº4, nº5 y nº6 tomadas de la Instrucción DIGNITAS PERSONAE,de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 2008.




ORACIÓN POR LA VIDA

Oh María, aurora del mundo nuevo,
Madre de los vivientes,
a Ti confiamos la causa de la vida:
mira Madre el número inmenso de niños
a quienes se impide nacer,
de pobres a quienes se hace difícil vivir,
de hombres y mujeres víctimas de violencia inhumana,
de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia o de una presunta piedad.
Haz que quienes creen en tu hijo sepan anunciar
con firmeza y amor a los hombres de nuestro tiempo
el Evangelio de la vida.
Alcánzales la gracia de acogerlo como don siempre nuevo,
la alegría de celebrarlo con gratitud durante toda su existencia
y la valentía de testimoniarlo con solícita constancia,
para construir, junto con todos los hombres de buena voluntad,
la civilización de la verdad y del amor,
para alabanza y gloria de Dios Creador
y amante de la vida.
Amén

Juan Pablo II

Encíclica: Evangelium Vitae sobre el Valor y el Carácter Inviolable de la Vida Humana
ORACIÓN ECUMÉNICA

OH Señor, a Ti confiamos la causa de la vida:
mira, Padre el número inmenso de niños
a quienes se impide nacer,
de pobres a quienes se hace difícil vivir,
de hombres y mujeres víctimas de violencia inhumana,
de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia o de una presunta piedad.
Haz que quienes creen en tu hijo sepan anunciar con firmeza y amor
a los hombres de nuestro tiempo el Evangelio de la vida.
Alcánzales la gracia de acogerlo como don siempre nuevo,
la alegría de celebrarlo con gratitud durante toda su existencia
y la valentía de testimoniarlo con solícita constancia,
para construir, junto con todos los hombres de buena voluntad,
la civilización de la verdad y del amor,
para alabanza y gloria de tu Nombre.
Amén



Enlaces de interés
Oraciones en otros idiomas (inglés, italiano, finlandés)

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