Últimas reflexiones

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domingo, 4 de octubre de 2009

IMPORTA MUY POCO QUE NO SE DIGA LA VERDAD.

Ya no importa nada, o casi nada. Cada cual se inventa su propia verdad y dice lo que le interesa o le conviene. El hombre se ha separado de Aquel que le da la vida y le ofrece lo que busca: felicidad y eternidad, y se la busca según él cree y le parece. No escucha ni hace caso; sólo busca la felicidad por el camino que piensa la va encontrar, y se empeña en buscarla aquí abajo, del cielo para abajo, su tierra adorada.

Y no está del todo equivocado, pues la felicidad también está en este mundo, y depende mucho del hombre. Pero, el hombre, se empeña en buscarla según sus ideas, sus apetencias, sus deseos y por ahí el camino es equivocado. De ninguna forma se puede encontrar así, porque cada cual tendría un camino y al final nos envolveríamos en nuestro propio laberinto sin ningún final. Sólo se puede encontrar siguiendo a quien ha creado y tiene la Verdadera y Absoluta Felicidad, y ese es DIOS.

Sin MÍ nada pueden hacer, y eso, ya lo sabía el SEÑOR, significa que cuando se da la espalda al SEÑOR, se pierde el rumbo y la meta y objetivo, que todos perseguimos, y lo deseado no se puede encontrar. Sólo DIOS basta y sólo ÉL es la Única Fuente de salvación que todo ser humano, su criatura, busca desesperadamente, en muchos casos sin saberlo.

La mitad de las medicinas vendidas en África están falsificadas, ha denunciado monseñor Zygmunt Zimowski, Presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, en el 26º Congreso Mundial de Farmacéuticos Católicos que acaba de celebrarse en Poznan (Polonia). El tema del Congreso era, precisamente, La seguridad del medicamento: ética y conciencia para el farmacéutico.

Y pretendía analizar, además de las falsificaciones y fraudes, el problema de todos los medicamentos que circulan fuera del circuito farmacéutico - vendidos por Internet, pasados a través de las fronteras o distribuidos en las misiones humanitarias, por ejemplo.

Es inaudito y sorprendente que ocurran estas cosas y todo el mundo, sobre todo los que están para protegernos, no hagan nada o, al menos, no se denuncie y se diga. Posiblemente ese tipo de medidas y luchas no vendan votos, ni generen sustanciosos montantes económicos, y sólo puedan ocasionar problemas y disgustos. Mientras millones de seres humanos sumidos en las mayores indigencias e impotencias se enfrentan a una lucha, de antemano perdida, con la miseria y la muerte.

Ante todo este panorama la única salida que encuentran los grandes bienhechores de la sociedad es controlar la natalidad y evitar los embarazos. Para ello, hacer lo que haga falta y al precio que sea. Si es preciso matar, no importa a quien ni cuantos ni como sea. Lo importante es quitarnos del medio el problema impidiendo que nazcan más niños y nos amenacen nuestro mundo, porque, la parecer, es nuestro. ¡Y nos parece una leyenda lo que hicieron los egipcios con los israelitas cuando se multiplicaban!

Simultaneamente, ayer viernes, exultantes y locos de alegría algunos saltaban, otros tristes, por la adjudicación de los próximos juegos Olímpicos a celebrar en el 2016. ¿Qué celebran y festejan? ¿Unos juegos? ¿O quizás un negocio ingente de pantagruélicos beneficios económicos y festines de placer y diversiones? Al margen no importan los que seguirán igual, pasaran hambre y muerte, mientras otros recogen medallas por correr, saltar o hacer alguna u otra habilidad que no tiene más valor que el de hacerlo mejor que otro o llegar el primero.

¿Es esto progreso, adelanto civilizado, calidad de vida, derechos humanos, paz, justicia, amor? ¿Es esto una sociedad más justa y equitativa, más humana? ¿No hay vergüenza para presentarse a las elecciones, sólo importan los votos? Sepan todos ustedes que por encima de las leyes, votos y obligaciones de partidos hay algo que se llama conciencia y que, queramos o no, es la que determina la moral, y coincidirán conmigo, que la moral no depende de los votos.

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Publicado por Salvador Pérez Alayón en 23:34

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