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martes, 5 de febrero de 2013

LOS PUEBLOS QUE MATAN DESAPARECEN

viernes, 20 de marzo de 2009


Es abominable lo que llega y puede llegar a hacer el hombre. Cuando su control está dominado por el pecado: soberbia - avaricia - hedonismo - egoísmo - lujuria... pierde su dignidad y queda al mismo nivel que los animales, de hecho ya se cuestiona y valora más a los animales que a una persona en el seno de su madre, y su ceguera es tal, que amenaza su propia destrucción.

No es descabellado decir y pensar esto, sino observar y ver que ya está pasando a nuestro alrededor. Se matan centenares de miles, ya se pierde la cifra, de seres humanos consecuencia de esa ceguera mortal e irresponsable: hambre - guerras - poder - abortos - eutanasia - agua - pobreza - explotaciones - violencia - robos - violaciones, y todo porque unos quieren ser más que los otros y vivir a costa de los otros. Todo se reduce a un simple problema de gustos y apetencias y no aceptación de que mi vida me la debo ganar cada día con el sudor de mi sangre.

Todo está contenido en un no aceptar mis limitaciones, carencias, pobreza y querer revelarme contra ello, exigiendo más que lo que verdaderamente necesito para el sustento y la realización digna de mi vida. El problema estriba en querer ser y tener más que el otro, para reafirmar mi dominio sobre él. Todos queremos ser más, y, como dice la canción, queremos más. Y de ahí parte todo mal: no querer aceptar la vida tal cual DIOS nos propone, para bien de todos y para que sea justa, en paz e iguales en derechos y oportunidades.

Por eso, los pueblos no crecen y, en lugar de caminar hacia un crecimiento más maduro en sabiduría, santidad y solidaridad, retroceden en enfrentamientos, disputas, egoísmos personales, muertes, sometimientos, guerras y destrucción de sus propias vidas. Todo al revés de como nuestro PADRE DIOS lo ha pensado y quiere. Por eso, me parece muy interesante la reflexión, con motivo de la campaña por los 40 días por la vida, que ha llegado de Pablo Hernández Franyutti

“La obediencia a Dios en la castidad es lo que libera nuestro ser para amar ¡con plenitud!”
MARLENE GILLETE IBERN

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