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jueves, 25 de noviembre de 2010

EL ABORTO




Es impensable pensar que íbamos a llegar a esta situación de indiferencia y de animalidad irracional al permitir, con la ley en la mano, el asesinato de millones de niños indefenso nacidos en el vientre de sus madres.

Es impensable comprender como es posible que madres que han sido anteriormente niñas nacidas en el vientre de sus madres, y sienten ahora en el suyo a sus propios hijos, puedan permitir impunemente que maten a sus hijos.

Es impensable aceptar que la sociedad, en pleno siglo XXI, catalogada de avanzada y progre, contemple pasivamente que la libertad y los derechos humanos, característica de la época que vivimos, sean impunemente infringidos y aceptados por la mayoría.

Porque si la ley se aprueba es porque ha tenido mayoría que la ha permitido. Mayoría para conseguir una ley para matar. Nunca la mayoría puede ser usada para pisotear los derechos de la persona, y el embrión y luego feto lo es desde su concepción. 

Porque la mayoría es mayoría en cuanto legisla para el bien común y los derechos de la persona. En cuanto se usa para egoísmos e intereses personales, se está infringiendo la ley y supeditando la libertad en aras de un libertinaje o dictadura. Y eso es lo que está sucediendo en nuestras sociedades. El egoísmo se impone al amor.

Se hace conveniente aclarar y recodar criterios tan naturales y clarificantes que todos llevamos dentro de nosotros mismos, pero que cegados por egoísmos y luces que nos encandilan permanecemos ciegos y perdidos hasta el punto de perder nuestro propio destino.



I. EL ABORTO Y EL ORIGEN DE LA VIDA

1. ¿Qué es el aborto? 

La Medicina entiende por aborto toda expulsión del feto, natural o provocada, en el período no viable de su vida intrauterina, es decir, cuando no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir. Si esa expulsión del feto se realiza en período viable pero antes del término del embarazo, se denomina parto prematuro, tanto si el feto sobrevive como si muere.

El Derecho español, al igual que el Derecho Canónico, considera aborto la muerte del feto mediante su destrucción mientras depende del claustro materno o por su expulsión prematuramente provocada para que muera, tanto si no es viable como si lo es.

En el lenguaje corriente, aborto es la muerte del feto por su expulsión, natural o provocada, en cualquier momento de su vida intrauterino.

2. ¿Cuántas clases hay de aborto? 
 
El aborto puede ser espontáneo o provocado. El espontáneo se produce o bien porque surge la muerte intrauterinamente, o bien porque causas diversas motivan la expulsión del nuevo ser al exterior, donde fallece dada su falta de capacidad para vivir fuera del vientre de su madre. Si el aborto es provocado, se realiza o bien matando al hijo en el seno materno o bien forzando artificialmente su expulsión para que muera en el exterior.

En ocasiones se actúa sobre embarazos de hijos viables, matándolos en el interior de la madre o procurando su muerte después de nacer vivos. Esto no es, médicamente hablando, un aborto, y de hecho muchas legislaciones que se consideran permisivas en la tolerancia del aborto lo prohíben expresamente, porque lo incluyen en la figura del infanticidio. Pero no ocurre así en otros casos, como por ejemplo en España, donde el Código Penal no tiene en cuenta la viabilidad del feto para que se dé el delito de aborto, y, en contrapartida, se puede matar en algunos casos a fetos viables sin recibir ningún castigo penal, al amparo de la legislación vigente precisamente en materia de aborto. Por eso utilizaremos en estas páginas la definición de aborto según el lenguaje corriente, de modo que la muerte provocada de un feto viable también será considerada como aborto. 

3. ¿Es un ser humano el fruto de la concepción en sus primeras fases de desarrollo?

Desde que se produce la fecundación mediante la unión del espermatozoide con el óvulo, surge un nuevo ser humano distinto de todos los que han existido, existen y existirán. En ese momento se inicia un proceso vital esencialmente nuevo y diferente a los del espermatozoide y del óvulo, que tiene ya esperanza de vida en plenitud. 

Desde ese primer instante, la vida del nuevo ser merece respeto y protección, porque el desarrollo humano es un continuo en el que no hay saltos cualitativos, sino la progresiva realización de ese destino personal. Todo intento de distinguir entre el no nacido y el nacido en relación con su condición humana carece de fundamento.

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