Últimas reflexiones

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domingo, 16 de octubre de 2011

40 días por la Vida 2011_02_20


Cuarenta días por la Vida
28 de Setiembre al 6 de Noviembre 2011
Día 20
15/10/2011

Argentina_Hno. Antonio Ostojic

“Toda vida es la vida de Dios que se hace presente entre nosotros, aún en un niño que todavía no ha nacido. Nadie tiene derecho a levantar su mano para segarla.”


BEATA MADRE TERESA DE CALCUTA


Reflexión


Al meditar sobre la muerte de Cristo, recordemos las muchas mujeres que han muerto por causa de los supuestos "abortos seguros y legales".

Oración del día


Oremos para que su muerte sea, para otras mujeres, la salvación, para que no cometan ese error trágico.


Motivación del día

TODA VIDA HUMANA, DON DE DIOS PARA NOSOTROS Y COMPROMISO NUESTRO CON DIOS DE AMARLA Y PROTEGERLA.

No nos cansamos de gritar, "SÍ a la Vida, no al homicidio". Y oramos, pero también actuamos con entrega perseverante.

Nuestra vocación y misión, la de todos, es amar y proteger la vida de cada persona. Y hasta la disponibilidad total, hasta el martirio, si Dios así lo requiriera, custodiando en especial la vida en sus inicios, etapa más vulnerable y vulnerada.

Dios nos infunde el valor de oponernos a todo atentado contra la vida, de ser "signos de contradicción". El Señor quiere que seamos la esperanza de los niños sin voz.

Es urgente no sólo participar, sino involucrarse.

Cada bebé en el útero, cada persona, es don precioso de Dios. Nos hacemos, entonces, solidarios con cada vida humana desde el inicio, concepción, hasta su fin, muerte natural.

Anunciar la verdad sobre la vida y gritar con valentía lo que muchos no quieren oír, honrando el derecho a la vida, y la certeza, seguridad y convicción de que estamos llamados a la vida en plenitud.
Dice Chésterton que el mediocre es "el que está delante de algo grande sin darse cuenta". Y qué más grande, como don divino, su imagen y semejanza, que cada niño y niña que viene a vivir con nosotros.

El respeto a la vida de cada ser humano y la condena del aborto, y de todo homicidio, surge y brota de la misma naturaleza humana, del uso de la razón, de la buena conciencia y del sentido común. Cuando se mata al hijo, al bebé, surge lapidaria la interpelación de Dios: "¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano (de tu hijo), clama a Mí desde el cielo". (Génesis 4, 10).

Al hablar de la vida humana, y de otros temas, surge como telón de fondo el infinito amor y misericordia de Dios, revelado en Jesús. Él nos ama infinitamente. Y también cuando hemos pecado contra la vida. Debemos convertirnos a su amor, acogernos al sacramento de la Reconciliación, a su perdón pleno, al arrepentimiento, a la reparación, dando la vida por los hermanos.

El niño por nacer, está más que claro, tiene derecho a vivir. Qué cinismo supone afirmar que la madre tiene derecho a matarlo.

Llamados a amar y proteger la vida humana, con oración, con un anuncio clamoroso, con la acción concreta y perseverante.

Adoramos a Jesús, Dios humanado, Dios encarnado, que se hace presente en cada rostro humano y nos negamos a la soberbia diabólica de justificar su eliminación. Como respuesta amorosa a Dios, decimos SÍ A LA CULTURA DE LA VIDA Y A LA CIVILIZACIÓN DEL AMOR.

Hermano Antonio Ostojic, Hermano Marista, Argentina.


ORACIÓN ECUMÉNICA

OH Señor, a Ti confiamos la causa de la vida:
mira, Padre el número inmenso de niños
a quienes se impide nacer,
de pobres a quienes se hace difícil vivir,
de hombres y mujeres víctimas de violencia inhumana,
de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia o de una presunta piedad.
Haz que quienes creen en tu hijo sepan anunciar con firmeza y amor
a los hombres de nuestro tiempo el Evangelio de la vida.
Alcánzales la gracia de acogerlo como don siempre nuevo,
la alegría de celebrarlo con gratitud durante toda su existencia
y la valentía de testimoniarlo con solícita constancia,
para construir, junto con todos los hombres de buena voluntad,
la civilización de la verdad y del amor,
para alabanza y gloria de tu Nombre.
Amén

ORACIÓN POR LA VIDA

Oh María, aurora del mundo nuevo,
Madre de los vivientes,
a Ti confiamos la causa de la vida:
mira Madre el número inmenso de niños
a quienes se impide nacer,
de pobres a quienes se hace difícil vivir,
de hombres y mujeres víctimas de violencia inhumana,
de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia o de una presunta piedad.
Haz que quienes creen en tu hijo sepan anunciar
con firmeza y amor a los hombres de nuestro tiempo
el Evangelio de la vida.
Alcánzales la gracia de acogerlo como don siempre nuevo,
la alegría de celebrarlo con gratitud durante toda su existencia
y la valentía de testimoniarlo con solícita constancia,
para construir, junto con todos los hombres de buena voluntad,
la civilización de la verdad y del amor,
para alabanza y gloria de Dios Creador
y amante de la vida.
Amén

Juan Pablo II

Encíclica: Evangelium Vitae sobre el Valor y el Carácter Inviolable de la Vida Humana

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