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jueves, 29 de septiembre de 2011

40 días por la Vida 2011_02_03

Cuarenta días por la Vida
28 de Setiembre al 6 de Noviembre 2011
Día 03
30/9/2011

Bolivia_miguel manzanera

"“Cuando rezas observa un orden en tus peticiones: pide en primer lugar los bienes espirituales, el perdón de los pecados, la luz para conocer la voluntad de Dios, la fuerza para mantenerte en su gracia; después pide la salud física, la bendición sobre tu familia, el alejamiento de las desgracias y la seguridad en el trabajo.... “ ".

SAN JUAN BOSCO

Reflexión

El Concilio Vaticano II calificó al aborto y al infanticio como “crimenes abominables” (GS 51). Al meditar sobre la muerte de Cristo, recordemos las muchas mujeres que se sometieron a los supuestos "abortos seguros y legales" y que ahora sufren sin consuelo en lo más profundo del corazón. No pocas sienten tendencias de suicidio que en ocasiones se consuman.

Oración del día

Oremos para que su muerte sea, para otras mujeres, la salvación, para que no cometan ese error trágico.

Motivación del día

Cada vez con más claridad viene a la luz el nexo entre el aborto voluntario y las secuelas psicosomáticas. Incluso la Federación Internacional de Paternidad Planificada (IPPF), la institución abortista más grande del mundo, ha reconocido que “la incidencia del trauma post-aborto puede llegar a alcanzar hasta al 91% de los casos”. y las el suicidio de las madres que decidieron abortar. Estudios recientes muestran que el aborto voluntario produce secuelas en el cerebro. Una investigación en Finlandia informa que en adolescentes que cometieron aborto la proporción de suicidios es tres veces mayor que en mujeres en edad reproductiva que no abortaron. El Colegio Real de Psiquiatras del Reino Unido ha declarado que el aborto multiplica por tres la incidencia del suicidio en las mujeres.

Los grupos abortistas achacan esa tendencia suicida a la según ellos exageradamente estricta moral de algunas religiones que sanciona drásticamente el aborto. Tal sería el caso del catolicismo que considera el aborto como un pecado grave que conlleva además la excomunión automática para aquellas personas libre y conscientemente han llevado a cabo el aborto.

Esta acusación es totalmente falsa. La condena del aborto brota de la misma naturaleza humana. Con el uso de razón toda persona capta perfectamente el valor de la vida y la grave injusticia que supone quitar la vida a un ser inocente. Más aún cuando, como en el caso del aborto, se trata de la madre que condena a muerte a su propio hijo, todavía en sus entrañas.

A toda persona abortera se dirige la interpelación lapidaria de Dios al fratricida Caín: “¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde el suelo” (Gn 4, 10). Ese grito resuena también en la conciencia de todas las personas que cometen abortos. Muy especialmente la madre, llamada a ser la defensora de sus hijos, seguirá escuchando ese grito en lo más profundo de su ser. A pesar de los intentos de reprimirlo, no podrá silenciarlo hasta que, reconociendo su culpa, pida humildemente perdón a Dios y al hijo asesinado. En la Iglesia Católica ese perdón se manifiesta en la absolución en el sacramento de la confesión, potestad que Jesús concedió a sus apóstoles (Mt 18, 18). Sólo así recobrará la paz profunda que necesita para rehacer su vida en el verdadero amor y en la defensa de los infantes más vulnerables e indefensos.

ORACIÓN ECUMÉNICA

OH Señor, a Ti confiamos la causa de la vida:
mira, Padre el número inmenso de niños
a quienes se impide nacer,
de pobres a quienes se hace difícil vivir,
de hombres y mujeres víctimas de violencia inhumana,
de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia o de una presunta piedad.
Haz que quienes creen en tu hijo sepan anunciar con firmeza y amor
a los hombres de nuestro tiempo el Evangelio de la vida.
Alcánzales la gracia de acogerlo como don siempre nuevo,
la alegría de celebrarlo con gratitud durante toda su existencia
y la valentía de testimoniarlo con solícita constancia,
para construir, junto con todos los hombres de buena voluntad,
la civilización de la verdad y del amor,
para alabanza y gloria de tu Nombre.
Amén

ORACIÓN POR LA VIDA

Oh María, aurora del mundo nuevo,
Madre de los vivientes,
a Ti confiamos la causa de la vida:
mira Madre el número inmenso de niños
a quienes se impide nacer,
de pobres a quienes se hace difícil vivir,
de hombres y mujeres víctimas de violencia inhumana,
de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia o de una presunta piedad.
Haz que quienes creen en tu hijo sepan anunciar
con firmeza y amor a los hombres de nuestro tiempo
el Evangelio de la vida.
Alcánzales la gracia de acogerlo como don siempre nuevo,
la alegría de celebrarlo con gratitud durante toda su existencia
y la valentía de testimoniarlo con solícita constancia,
para construir, junto con todos los hombres de buena voluntad,
la civilización de la verdad y del amor,
para alabanza y gloria de Dios Creador
y amante de la vida.
Amén

Juan Pablo II

Encíclica: Evangelium Vitae sobre el Valor y el Carácter Inviolable de la Vida Humana

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