Últimas reflexiones

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jueves, 7 de enero de 2010

APEGOS, SENTIMIENTOS, SATISFACCIONES...


Se me ocurre reflexionar sobre los deseos y apetencias que sentimos en nuestro cuerpo, que como una cárcel que nos limita nuestra libertad, él, nos somete y nos arrastra a satisfacernos y a dejarnos conducir por lo apetecido, por lo plancetero, por el abandono y la pereza de hacer lo que nos venga en gana y sintamos en ese momento.

Hay muchas ocasiones que sentimos estas inclinaciones. Ocurre que, en muchos momentos no nos damos cuenta, y confundimos lo que me gusta, con lo que siento y debo hacer porque me apetece y tengo derecho. No busco nada más, sino mi propio bien y satisfacción. No me importa el otro, ni sus derechos, ni si le perjudico con mis apetencias. Sólo me busco yo.

Y, llegado este momento, pienso que es en estas profundidades donde se encuentra la raíz del mal y de todas las consecuencias de los hechos y sucesos que van contra la verdad y el bien del hombre. Y, tratemos de justificar lo injustificable, nuestra conciencia sabe muy bien cuál es nuestra responsabilidad y qué debemos hacer en cada momento.

A nadie se le esconde lo que está bien y lo que no lo está. Todos sabemos cuando hemos actuado bien o cuando no lo hemos hecho. Y en el caso de ignorarlo, estamos disculpados y, advertidos de nuestro error, demostramos rápidamente nuestra inocencia corrigiendo nuestros actos. El hombre y la mujer, los seres humanos racionales, tenemos una luz interior, marcada a fuego, que nos indica la moralidad de nuestros actos. Y esa luz nos hará responsables de los mismos por mucho que nosotros tratemos de evadirlo, disimularlos o justificarlos.

Todos sabemos que, aún cuando nos apetece, ¡a quién no! el sexo tiene una función determinada y responsable. Está para la unión de un hombre y una mujer y de cuya unión y amor responsable se proyectara el fruto de los hijos. Sacar el sexo de este contexto es pervertirlo y convertir el amor responsable entre un hombre y una mujer en un placer del momento, en un amor temporal, de unos minutos u horas... o quizás algunos años.

Entre sacado del último éxito del premio planeta,"contra el viento" de Ángeles Caso, transcribo estas frases que pueden aclarar mucho el sentido de lo que trato de transmitir: "además de sus tres maridos, ya fallecidos, cuando era joven había tenido mucho amantes de un momento, algunos incluso casados, cuerpos deseados por un instante con los que solía encontrarse a escondidas, entre los matorrales del camino que bajaba hacia la costa o detrás de la ermita del Monte Pelado".

Cuando nos escondemos, nos ocultamos y nos borramos de la posible vista de los demás es porque la luz de nuestra conciencia se ha vuelta roja, y nos advierte que nuestros actos no son los deseados ni lo responsables que ella demanda y quiere. Es la señal de que, aunque luego no lo admitamos, sabemos que obramos mal. E igual nos ocurre con tantas leyes que legalizamos pero que sabemos que no son buenas ni verdaderas y que atenta contra la dignidad del hombre.

Y todos sabemos que esto es así, nuestra conciencia nos lo deja claro, sólo que nos dejamos vencer por la pasión y el deseo y eludimos nuestra responsabilidad. Encontramos mil y una formas de persuadirnos, de hacer demagogia, de salirnos por la tangente... El amor sólo se puede vivir en la fidelidad, el compromiso y la responsabilidad, y todo lo demás son apetencias, deseos y sentimientos propios de nuestra naturaleza humana, que podemos, sin embargo, controlar y someter. Esa es la principal función de nuestra razón y voluntad y para eso nos han sido dada.

Consecuencias, que derivan de todos esos sentimientos, a los que damos rienda suelta y no sometemos a nuestra propia responsabilidad son todos aquellas que estamos viviendo y que sabemos que están mal. Sólo que de aceptarlo, tendríamos también que cambiar de muchos placeres, comodidades y apegos que nos esclavizan.

El aborto, la eutanasia, el trabajo como servidumbre y explotación, el libertinaje, el poder para someter... etc., todas estas acciones y muchas más están originadas desde dentro de nosotros mismos, y sometidas a nuestros propios sentimientos que nos esclavizan y nos hacen decir que lo blanco es negro. Y, consecuencia de ello, el mal entra en el mundo y enfrenta a los hombres.
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