Últimas reflexiones

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viernes, 25 de septiembre de 2009

MANUEL - OCHO DÍAS DE VIDA EN EL MUNDO.


Éste es mi nieto Manuel. Hace ocho días que ha visto la luz del mundo, pero llevaba ya unas 38 semanas en el vientre de su madre. Pesó, al inaugurar su salida al mundo, unos 3 kilos quinientas ochenta gramos, 51 cm de largo y, todo esto sucedió a las 9 horas 44 minutos del jueves 20 de agosto de 2009 en Hospitén, situado en el Municipio de Tías en Lanzarote.

El año pasado, con ocasión de la campaña 40 días por la vida, tuve la oportunidad de proclamar que ya era abuelo. Corría el mes de noviembre, a propósito el mes de mi nacimiento, y mi nieto había sido concebido. Doy gracias a DIOS que, sus padres (mi hija y su marido), hayan respetado esa vida de la que ellos son parte muy importante en la cooperación de su creación.

No quiero hacer ninguna exaltación ni divulgación del nacimiento de mi nieto. A parte de hacer participes a mis amigos blogueros de la alegría y sentimiento de sentirse abuelo, sí quiero aprovechar la ocasión para romper una lanza más en pro de la vida y su defensa frente al egoísmo del aborto.

Mi primer pensamiento, en el momento que le hice esta estupenda fotografía, fue pensar que esta hermosa criatura estuvo, como lo están muchas otras en este preciso momento, en manos de unos padres o personas humanas que se sienten en el derecho de decidir por sus vidas. Personas o padres que valoran más sus vidas que la de esos seres humanos con los mismos derechos que ellos, pero dependientes del amor de los demás.

Realmente, viendo esta fotografía no le cabe a uno en el sentido común que alguien se atreva a decidir su derecho a la vida nueve meses antes. En el momento de su concepción, esta cara, estos gestos, esta perplejidad ante el asombro de sus primeras imágenes, esta rebosante vitalidad de vida estaba impresa en sus genes y estaba destinada a desarrollarse hasta llegar, de momento, a este punto.

Interrumpir ese camino no tiene ninguna justificación, ni incluso en situaciones límites, porque nuestro derecho sólo radica en cultivar, abonar y favorecer que esa vida recorra su destino y su proyecto de vida, como lo hace la mía y la de todas las personas humanas.

Y en el peor de los casos, hay muchas otras personas, organizadas en asociaciones y grupos, dispuestas a ocupar el puesto de aquellos que lo rechazan, para dar el cobijo, alimento y cariño que esos niños necesitan y reclaman como derecho indiscutible que tienen por ser personas humanas dignas de vivir.

Nadie puede constituirse en portavoz de ello y en aras de evitarle sufrimientos y miserias condenarlos a morir. Nadie tiene el poder y sabiduría de discernir qué es lo que le convienen ni lo que es mejor para ellos. Sólo la vida y el tiempo es capaz de descubrir la verdad y poner las cosas en su justa medida.

A nosotros, sólo nos cabe el deber de luchar para que esas vidas tenga todo lo que sus derechos reclaman, igual que hicieron con nosotros, y poner a su disposición todos los medios para que alcancen su más pleno desarrollo en el mundo al que han sido convocados y llamados.

Todo lo demás son puras demagogias que sólo tratan de defender y justificar nuestros egoísmos e intereses. Sólo alcanzan a satisfacer nuestras apetencias, comodidades, vanidades que consideramos nuestra felicidad, por lo que todo aquello que nos lo impida es una amenaza grave contra nuestro mayor deseo.

Ocurre que nos hemos quedado a medio camino, incluso más de medio, en nuestro madurar y crecer como persona. Y como niños pequeños estamos todavía poniendo nuestra felicidad, que perseguimos desde el primer día de nuestra vida, en medios y cosas equivocadas que nos hacen cada vez más egoístas e individualistas.

Nuestra meta y mayor deseo de felicidad es el amor, pero no el amor del sexo, del placer, del poder, del bienestar, de la suficiencia, del orgullo…etc. Es el amor agapé, el amor que lo da todo y que se entrega, por amor, a la obediencia, a la disciplina, al servicio, a la paciencia, a la bondad, a la misericordia, al compartir, al perdón…etc.

En este contexto, todos habremos ya descubierto que de esa forma y en esa línea no habría ningún problema. La vida sería respetada en toda su integridad; la justicia sería la bandera más venerada entre todos los hombres; la paz sería nuestro mayor anhelo y el Reino se haría en los hombres.

Porque todo estará alumbrado en la verdad y la caridad. Una verdad está determinada en la caridad, pues sólo la verdad es amada y querida Nadie quiere la mentira, intuye que es mala y que no trae sino problemas. Sólo la verdad implica amor porque sólo lo bueno es lo que se da. Precisamente dar lo malo es mentir.

Desde estos razonamientos no se puede hablar de condena ni de exclusiones. Todos estamos llamados a ser respetados y amados, porque todos somos personas humanas, lo más grande y digno que hay en el mundo en que vivimos. Ningún tesoro ni riqueza alcanza el valor inmenso e infinito que tiene el hombre, precisamente porque es el hijo de DIOS.

1 comentario:

  1. Nuestro agradecimiento a Salvador por esta bella foto que nos regala y sus acertados comentarios que permiten que esta campaña nos una más como familia.
    Nos parece muy importante el felicitar por su maternidad a todas las mujeres en tanto tomamos conocimiento que están gestando. Es necesario que ayudemos a que todas las personas tomen conciencia de esta realidad. Empezamos a ser padres desde la concepción.

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