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miércoles, 23 de septiembre de 2009

El Evangelio y la defensa de la vida

Quienes no viven en México, probablemente no saben que actualmente distintos Estados de la República están modificando su Constitución Política local a favor de la vida. Lo que hacen es reconocer el inicio de la vida desde la fecundación, por tanto, el Estado garantiza y protege la vida desde el vientre materno hasta la muerte natural. Hoy día, 16 de 31 Estados han modificado su Constitución. La siguiente meta es que en el Distrito Federal no esté despenalizado el aborto hasta la semana 12 de gestación.

Para algunos, el que se garantice la vida desde la fecundación puede no ser significativo, sin embargo reflexionemos en qué pasaría si no actuamos a favor de la vida. Para ello, veamos lo que está sucediendo en Estados Unidos donde es posible abortar por el simple deseo de la mamá. Esta nación es dirigida por un presidente que considera lícito el aborto por nacimiento parcial en caso de riesgo de muerte de la madre. Este procedimiento, implica inducir el parto, especialmente durante el último trimestre. Una vez que el abortista saca al bebé hasta el cuello, introduce unas tijeras en el cráneo para poder succionar el cerebro del bebé. La atrocidad de este método es que se practica cuando el bebé tiene posibilidades de sobrevivir el parto prematuro y para la mamá es más peligroso que una cesárea. Adicionalmente, las clínicas abortistas tienen convenios con distintos laboratorios para traficar con los órganos y tejidos de estos bebés para experimentación. Y como éste, hay muchos ejemplos de los problemas que atraviesa EUA en relación al respeto de la vida en todas sus etapas.

Nuestro reto como católicos es hablar y defender la verdad del Evangelio en toda situación. Veamos el testimonio de una joven cristiana de Estados Unidos, recordemos que algunas denominaciones cristianas defienden el supuesto derecho a decidir. Esta joven quedó embarazada antes de casarse y fue con su pastor a exponerle las razones por las cuales no se sentía lista para tener un bebé y quería su consejo. El pastor le dijo que no se preocupara, ante su situación era lícito abortar y que, incluso, Dios respaldaba su decisión. Utilizó pasajes bíblicos, como Génesis 2:7 y Job 33:4 para convencer a la joven. Con estas citas, el pastor equiparó el inicio de la vida con la respiración, y como una persona no respira hasta que nace, el producto en el vientre no es una persona viva en el sentido bíblico. Imagina el dolor que atravesó esta joven a la que le hicieron creer que a Dios no le importaba el calvario que implicó el aborto, un tormento para el cual no estaba preparada. Ella no sabía con quién compartir ese dolor, pues Dios estaba de acuerdo con el aborto.

El pastor excluyó pasajes como el de Isaías 49:1 donde, estando en el seno de su madre, el Señor lo llama por su nombre; Jeremías 1:5 cuando Dios le dice que lo ha escogido antes de formarlo en el vientre; el Salmo 139:13-16, en el cual el salmista reconoce que Dios lo ha formado desde el seno de su madre; Lucas 1:39-45 cuando María visitó a Isabel y Juan saltó de gozo en su seno; o el de Gálatas 1:15 cuando San Pablo reconoce que Dios, en su infinito amor, lo llamó desde antes que naciera.

Por ello, debemos reconocer la bendición que estamos recibiendo los mexicanos con la modificación de las Constituciones Políticas Locales de 16 Estados, a favor de la vida. Más aún, debemos dar gracias al Señor por llamarnos por amor y conocernos por nuestro nombre desde el seno materno. Esto debe darnos aliento para seguir hablando y defendiendo la verdad del Evangelio que proclama la Iglesia Católica, pues esta batalla a favor de la vida aún no termina. Sigamos orando y que María sea siempre nuestra guía.


2 comentarios:

  1. Muchísimas gracias por estas oportunas reflexiones y por la gran noticia que nos compartes Guetty. Es una bendición que en la mitad de sus Estados hayan ya reconocido el derecho a la Vida desde la concepción. Se deja sentir en todo esto la intercesión de la Virgen.
    Martín

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  2. Un saludo gozoso por esta noticia y porque la vida es nuestro mayór don. Nadie puede constituirse en señor de decidir quitarla ni interrumpirla, porque es un derecho que todo hombre tiene intrínseco en su propia dignidad por ser hijo de DIOS.
    Un abrazo.

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